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El aliento de vida es como un hilo dorado que
teje su vía a través de cada fibra de la vida del hombre. Usualmente no
detectado por el conocimiento de la mente humana, sin embargo ejerce de
manera constante influencia y en última instancia controla la forma de vida
de la vida del hombre. Es el latido del corazón de cada acción puesto que
el hombre lucha de continuo por la manifestación de vida en última
instancia que se puede experimentar.
Es triste sin embargo, en vista que hay
misterio en la vida, que todos los hombres eventualmente
luchan con el simple vivir. Aunque cada
hombre es impulsado desde adentro para experimentar vida rica, plena y
completa, se vuelve para la mayoría un sueño esquivo. El proverbio que
continuamente está suspendido en frente de los hambrientos ojos del hombre,
nunca se capta. Cuando la vida llega al fín de sus días para la mayoría
de la gente, demasiadas canciones no se han cantado, demasiados libros no se
escrito, y demasiados nobles hechos no han sido realizados. Muy pocas
personas experimentan alguna vez el poder de la verdadera intimidad de vida.
La gloria de lo que debió haber sido nunca se experimenta.
Todo hombre ha sido dotado de gracia para
experimentar la última expresión de vida. Cuando un
recién nacido inhala su primer hálito de
aire, el milagro de la vida comienza. Pero la vida es más que la acción de
respirar, que de hecho es un milagro para maravilla del hombre. Algo mucho
más grande ha ocurrido. Un manto carnal ha sido encarnado con el Espíritu
Santo. El hombre ha sido dotado de gracia para experimentar la vida de Dios.
Experimentar esa vida no es solo el mayor
momento del hombre, es también su más grande desafío. El libre flujo de
la gracia de Dios es el punto de vida. Para el hombre, es en realidad, la
búsqueda para conocer a Jesús - la búsqueda de vida. Puesto que la gracia
es la provisión que Dios da a Su creación para permitirle experimentar
vida, la gracia en su última definición es Jesús. Jesús es la provisión
por la cual todos los hombres viven.
Uno de los puntos de mayor preocupación, si
no es la principal prioridad, en el Cristianismo moderno, es la necesidad de
volver a Jesús como el hálito y latido de la vida en sí. Con un mercado
inundado de libros que dan instrucciones de cómo hacer las cosas y
fórmulas para ganar el corazón de Dios, Jesús, el único camino al Padre,
ha sido relegado a un papel secundario en el mejor de los casos.
Predicadores avivadores y carismáticos dan
su nueva fórmula de éxito. Luego, casi como un pensamiento posterior,
dicen que solo Jesús "unge" o hace que la fórmula funcione. La
diferencia entre que Jesús ayude o unja el creyente para vivir, y que
Jesús sea el verdadero hálito y latido de corazón de la vida del creyente,
es el punto que ha plagado a la humanidad desde el Jardín del Edén. Es la
diferencia entre religión (se define la religión como lo que el hombre
hace para Dios o por Dios) y el verdadero camino a Dios, Jesucristo.
Aunque todos los hombres han sido dotados de
gracia para experimentar la vida de Dios, la mayoría de los hombres no
llegan a experimentar esa vida puesto que la gracia se les otorga en vano (1
de Cor. 15:10; 2 Cor. 6:1). Para sorpresa, la búsqueda de vida por el
hombre siempre frustra la gracia de Dios en el hombre. Pablo parecía
expresar ese pensamiento cuando escribió a los Romanos respecto de los
Judíos: "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer
la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios" (Rom. 10:3).
No es "procurando establecer la propia justicia" que se les
prohibió "someterse a la Justicia de Dios"? Misteriosamente, la
búsqueda de vida por el hombre siempre frustra la vida que Dios ya le ha
dado al hombre.
La única cura para el "mensajero de
Satanás" (2 de Corintios 12:7; también compare Mateo 16:23), que
continúa inflingiendo su daño mortal en el corazón del hombre, es la
revelación de la gracia de Dios. Es solo el evangelio de Jesucristo (las
buenas nuevas proclamando que Dios el Padre ha enviado a su Hijo a la vida
del creyente para bautizarlo con Su Espíritu, con el fín de llevar al
creyente a donde él no iría por si mismo) el que salva y guarda al hombre
(1 de Cor. 15:1-2). El único camino en que el hombre podrá cambiar y
permanecer cambiado, es teniendo el libre flujo de la gracia de Dios que
habita en El. Jesucristo es el único Camino para culminar con éxito la
búsqueda de la vida.
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